Elizardo Solís, de Concepción, relató cómo la curiosidad lo llevó al consumo de cøcaíną y aseguró que la adicción le hizo perder la confianza de su familia, alejarse de su hija y afectar todos los aspectos de su vida. En un emotivo testimonio, instó a los jóvenes a buscar ayuda antes de que sea demasiado tarde.

Con un relato cargado de arrepentimiento y esperanza, Elizardo Solís, de 27 años, compartió públicamente su experiencia con la adicción a las drogas, afirmando que lleva siete años luchando contra el consumo de cocaína, una situación que, según sus propias palabras, destruyó gran parte de su vida.
El joven recordó que todo comenzó por simple curiosidad, convencido de que podía controlar el consumo. Sin embargo, con el paso del tiempo la droga terminó apoderándose de su rutina y de sus decisiones.
“Nadie te obliga a consumir, pero uno empieza por curiosidad. Pensás que podés controlarlo y después ya no sos vos”, expresó.
Solís contó que incluso pasó por un centro de rehabilitación, donde permaneció durante dos meses y logró mantenerse alejado del consumo. No obstante, al regresar a su entorno volvió a recaer, esta vez con mayor intensidad.
El entrevistado aseguró que la adicción le hizo perder amistades, la confianza de su familia y momentos irrepetibles con su hija de seis años, a quien, según dijo, prácticamente no pudo ver crecer.
Además, aprovechó la entrevista para pedir perdón a todas las personas a las que lastimó durante los años de consumo, especialmente a una joven con la que mantenía una relación sentimental y que, según relató, estuvo a su lado pese a conocer su situación. Reconoció que no fue completamente sincero con ella, continuó consumiendo a escondidas y finalmente la perdió. También extendió sus disculpas a su madre, a sus hermanos y a todas las personas que sufrieron las consecuencias de su adicción.
“Lo más importante que perdí fue la confianza de mi mamá y de mi familia. También me perdí la infancia de mi hija”, lamentó.
Durante la entrevista, reconoció que actualmente necesita ayuda profesional y familiar para superar la dependencia. Señaló que el primer paso es aceptar la enfermedad y dejar de sentir vergüenza al pedir apoyo.
“Pedir ayuda no es de cobardes. El primer paso es reconocer que uno es adicto”, manifestó.
El joven también dirigió un mensaje a quienes recién comienzan a experimentar con las drogas o creen que aún mantienen el control, advirtiendo que la adicción puede afectar a cualquier persona, sin importar su edad, profesión o condición económica.
Finalmente, afirmó que llegó a un punto límite en su vida y que decidió hacer pública su historia con la esperanza de evitar que otros recorran el mismo camino.
“Anoche pensé que me moría o que hoy pedía ayuda. Elegí pedir ayuda”, concluyó.
