La directora ad honorem, Lina Colmán, denunció que parte del techo de dos aulas se desplomó tras las últimas lluvias en Arroyito. La institución, que atiende a unos 100 alumnos, fue declarada en estado de derrumbe y hoy desarrolla clases en condiciones precarias, entre turnos en la dirección y espacios improvisados bajo árboles.

La comunidad educativa del Colegio Nacional Pablo Emiliano Quevedo Cordero, ubicado en Arroyo de Oro, distrito de Arroyito, atraviesa una preocupante situación edilicia luego de que las últimas lluvias provocaran el desplome de parte del techo en una de sus aulas.
La profesora Lina Colmán, directora ad honorem desde hace 11 años, explicó que la institución ya arrastraba serios problemas de infraestructura desde noviembre del año pasado, cuando un fuerte temporal dañó dos aulas. Desde entonces, aseguró, se realizaron reiteradas gestiones ante la supervisión pedagógica, la supervisión administrativa y la Municipalidad local, pero hasta ahora no existe una respuesta concreta sobre el inicio de obras.
Según relató, en el colegio funcionan los cursos del nivel medio en el turno tarde, mientras que por la mañana también se utilizan las aulas para séptimo, octavo y noveno grado, ya que la escuela básica de la zona no cuenta con suficiente infraestructura. En total, alrededor de 100 alumnos dependen del local escolar.

Actualmente, la institución dispone de tres aulas y una dirección, pero dos de esas salas están en estado crítico. A raíz del riesgo de derrumbe, los estudiantes ya no pueden ingresar a esos espacios. Como medida de contingencia, un curso desarrolla clases bajo los árboles y otro utiliza la dirección, turnándose para el uso de la pizarra cuando alguna materia lo requiere.
Colmán remarcó que esta situación afecta directamente el desarrollo normal de las clases, especialmente en asignaturas como Matemática, Física y Química, donde el uso de la pizarra resulta fundamental para las explicaciones. También advirtió que la llegada del invierno agravará aún más las condiciones para los alumnos, que hoy ya deben soportar jornadas en espacios improvisados y sin la comodidad mínima.
La directora señaló además que funcionarios municipales visitaron el colegio para verificar el estado de la estructura e incluso se habló de una posible reparación. Sin embargo, hasta ahora no se informó oficialmente cuándo comenzarían los trabajos ni si la intervención será suficiente, considerando que las aulas afectadas ya tienen más de 20 años y, según sostuvo, habrían superado su vida útil.

“Necesitamos una respuesta inmediata”, insistió la docente, al recordar que cada tarde se registran lluvias intensas en la zona y que todavía hay partes del techo con materiales que podrían desprenderse, lo que representa un peligro latente para toda la comunidad educativa.
Mientras esperan una solución, docentes y alumnos continúan sosteniendo las actividades como pueden, en medio de la incertidumbre y con el reclamo urgente de una intervención que garantice condiciones dignas y seguras para enseñar y aprender.
