El fallecimiento de Alexander Espinoza, un niño de 11 años con TEA nivel 3 hallado sin vida en Ñeembucú, reavivó el debate sobre la falta de acompañamiento estatal, la escasa empatía social y el incumplimiento de la ley que garantiza atención integral a personas con autismo, especialmente en el interior del país.

La muerte de Alexander Espinoza, el niño de 11 años con trastorno del espectro autista (TEA) nivel 3 que permanecía desaparecido desde el 4 de enero, generó una profunda conmoción a nivel nacional y volvió a poner en evidencia las falencias estructurales en la protección de personas con esta condición. El cuerpo del menor fue encontrado este jueves en el arroyo Ñeembucú, tras varios días de intensa búsqueda.
Ana Belén Godoy, integrante de la Asociación de Padres y Tutores de Personas con Trastorno del Espectro Autista (ASO TEA), expresó su pesar y cuestionó duramente la falta de respuestas efectivas desde distintos estamentos del Estado y de la sociedad. “Es un nuevo día de luto para el país. En menos de un año, ya son dos las personas con autismo cuya muerte enluta a Paraguay”, señaló en declaraciones a NPY.
Recordó que este caso se suma al de Elías Giménez, un joven de 20 años con autismo que había desaparecido en mayo del 2025 y cuya autopsia confirmó que murió ahogado en el río Paraguay. “En aquel entonces falló la Fiscalía; hoy vuelve a fallar la empatía social y la respuesta institucional”, lamentó.
Godoy cuestionó que, pese a que el niño presentaba signos visibles de desorientación, como caminar en puntas de pie, nadie haya intervenido para asistirlo o dar aviso a las autoridades. En ese sentido, insistió en la necesidad de que la ciudadanía se involucre y actúe ante situaciones similares. “No podemos normalizar ver a niños solos en la calle. El 147 del Ministerio de la Niñez funciona y debe utilizarse”, subrayó.
Asimismo, hizo hincapié en la falta de conocimiento social sobre el autismo y en la tendencia a estigmatizar a las familias. “Nos falta entender qué es el TEA y dejar de juzgar a madres y padres. La empatía también salva vidas”, afirmó.
La referente de ASO TEA también apuntó contra el Gobierno Central por la ausencia de políticas sostenidas para personas con autismo, especialmente fuera de la capital. “Alexander estaba en Pilar. Acá el acompañamiento termina en Calle Última. En el interior, después de los cinco años, prácticamente no existen respuestas”, cuestionó, al recordar que el autismo es una condición neurológica permanente.
Godoy reprochó además que la Ley 6103, que creó el Programa Nacional de Atención Integral a los Trastornos del Espectro Autista (Pnaitea), no cuente con presupuesto ni con equipos multidisciplinarios en todos los departamentos. Explicó que, en casos severos como el de Alexander, se requiere un acompañamiento constante de diversos profesionales de la salud y la educación, algo inaccesible para muchas familias.
“La realidad es dura: no hay especialistas en el interior y acceder a terapias es costoso. Para las familias de escasos recursos, el sistema no responde”, denunció.
Finalmente, expresó el impacto emocional que estos hechos generan en las familias que conviven con el autismo. “Cuando una persona con TEA desaparece, sentimos que podría ser nuestro propio hijo. Esto nos golpea muy de cerca y demuestra que aún queda mucho por hacer como sociedad”, concluyó.
