El idioma guaraní volvió a cobrar protagonismo en un contexto de conflicto armado internacional, al convertirse en una herramienta clave de comunicación durante la guerra entre Ucrania y Rusia. Así lo reveló Marcos Barrios, enfermero de las Fuerzas Especiales y ciudadano paraguayo que participa en las operaciones en el frente de batalla.

Marcos Barrios, enfermero de las Fuerzas Especiales y ciudadano paraguayo”

En una entrevista concedida al canal NPY, Barrios relató que, junto a otro compatriota, idearon un sistema de comunicación basado exclusivamente en el uso del guaraní, complementado con palabras en clave, con el objetivo de evitar que el enemigo pudiera interceptar o comprender sus mensajes. Esta estrategia recordó al histórico uso del idioma durante la Guerra del Chaco, cuando fue empleado como un “lenguaje secreto” por las tropas paraguayas.

Según explicó, la iniciativa surgió de manera espontánea durante una misión. “Guaranietépe eñe’ẽ chéve, pya’e”, fue la frase con la que su compañero marcó el inicio del sistema. A partir de allí, comenzaron a utilizar códigos específicos, como “Yryvu nde ári” para alertar sobre drones enemigos, “Palomo morotî” para identificar aeronaves aliadas y “Oi peteî ombovúa” para advertir sobre la presencia de un soldado adversario.

“Hablábamos guaraní, pero otra vez en clave”, señaló Barrios, al explicar que tomaron esta medida debido a que también existen paraguayos combatiendo en el bando ruso, lo que representaba un riesgo para la confidencialidad de las comunicaciones.

El impacto de este método fue tal que militares de otras nacionalidades debieron adaptarse y aprender el significado de las expresiones. De acuerdo con el testimonio, soldados argentinos y brasileños lograron asimilarlo con mayor facilidad, debido a su cercanía cultural con el idioma, mientras que para los colombianos resultó especialmente complejo. “Para ellos era como hablar chino”, comentó.

Más allá de su experiencia en el campo de batalla, Barrios también compartió aspectos de su historia personal. Relató que creció en un entorno marcado por dificultades económicas, junto a su madre y seis hermanos, lo que le impidió acceder a una formación militar formal. En ese contexto, se dedicó a la venta de pollos para contribuir al sustento familiar.

Pese a las limitaciones, su vocación nunca se debilitó. Al conocer el llamado del Ejército ucraniano para integrar sus filas, decidió postularse sin dudarlo. Tras ser seleccionado, dejó su país y se trasladó a Europa para incorporarse al conflicto. “Siempre quise ser militar”, expresó.