La centenaria pobladora fue homenajeada durante la misa en honor a San Blas y luego agasajada por sus vecinos, quienes destacaron su fortaleza, alegría y ejemplo de vida.

En el marco de la celebración del Día de San Blas, el barrio San Francisco vivió una jornada especial al rendir homenaje a una de sus pobladoras más queridas: Blasia Argüello, conocida cariñosamente como Doña Blasia, quien cumplió 100 años de vida rodeada del afecto de sus vecinos.

La emotiva conmemoración se realizó ayer, 3 de febrero, durante la misa en honor al santo patrono, donde Doña Blasia participó activamente y luego fue agasajada con un festejo organizado por la comunidad barrial. El momento estuvo cargado de gratitud, alegría y reconocimiento hacia una mujer considerada como la “mamá guasu” del barrio.

A pesar de su avanzada edad, Doña Blasia se encuentra en buen estado de salud, conserva una buena audición y visión, y se mantiene activa. Durante una entrevista, compartió algunos de sus hábitos de cuidado, señalando que su desayuno habitual es mbokaja ku’i con leche, alimento que —según explicó— es una de las claves de su fortaleza. También mencionó la importancia del baño incluso cuando una persona no se siente bien, destacando que en épocas de frío entibia el agua con ramas para mantener el cuerpo saludable.



Doña Blasia contó que nació en Paso Barreto y que gran parte de su vida trabajó en la zona del Chaco, hasta que posteriormente se trasladó al barrio San Francisco, donde vivió junto a su hermana, doña Florencia Argüello, ya fallecida. Tras su partida, quedó viviendo sola, situación que recordó entre risas al relatar cómo finalmente se integró plenamente al barrio.

Durante la conversación también mencionó a su hijo, Cándido Ramón Fleitas Argüello, quien reside en Brasil. Señaló que en el año 2020 tenía previsto visitarla, pero debido a la pandemia perdió contacto con él.

Actualmente, Doña Blasia es cuidada y acompañada por sus vecinos, quienes la consideran una verdadera joya del barrio. Una de ellas, Míguela López, expresó su admiración por la centenaria, destacando que aún trabaja confeccionando sábanas, se alimenta bien —con preferencia por la carne, las empanadas y la leche— y que, pese a su edad, no utiliza pañales.

Asimismo, se informó que una sobrina suya, residente en Asunción, no pudo estar presente por motivos de fuerza mayor, aunque los vecinos aseguraron que mantienen contacto permanente con ella.



La celebración se convirtió en un emotivo testimonio de comunidad, solidaridad y respeto hacia una mujer que, con su historia y vitalidad, representa un verdadero ejemplo de vida para todos los habitantes del barrio San Francisco.